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Buenas, os traigo una pequeña receta, que bien puede ser un recurso para decorar, o incluso el “plato” principal de nuestro postre. Naranja confitada. La podéis servir de diversas formas, tanto sóla como bañada en chocolate o incluso para decorar tartas y bizcochos, desde la tarta Sacher (próximamente 😉 ), hasta el famoso roscón de reyes.

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Vamos con lo que nos hará falta:

-Naranjas, de zumo preferiblemente ya que tienen mejor sabor.

-Azúcar

-Agua (dependiendo de la cantidad, lo normal sería un vaso).

-Zumo de naranja (un vaso en mi caso).

Para empezar, cortamos la naranjas (aquí podéis elegir según el tipo de presentación que busquéis, hay quien corta en tiras y quién las quiere en láminas finas), yo me decanté por las láminas, lo más finas posibles y sin estropear la piel, ya que una vez confitadas es la parte más deliciosa.

Luego hay que colocarlas en un plato para que reposen 5 minutos, para que desprendan el exceso de zumo, que reservamos para añadirlo posteriomente y que sirva de aderezo de almíbar.

Ahora en una cazuela a fuego medio-bajo (no mucha potencia, que no arranque nunca a hervir), colocamos con mucho cuidado y cariño las láminas de naranja (no amontonéis demasiadas, ir poco a poco), añadimos el zumo de naranja y medio vaso de agua, o según la cantidad de naranjas (tienen que cubrirse las láminas con agua). A continuación vertemos azúcar, suficiente para tapar las naranjas (un vaso más o menos), movemos un poco para que se integre bien el azúcar con el agua pero sin que se disuelva del todo, que se impregne en las láminas.

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Cuando hayamos hecho todo eso, tapamos la cazuela y esperamos unos 10 minutos, luego sacamos las naranjas y las colocamos en una bandeja separadas unas de otras (¡mucha delicadeza que son frágiles!); dejamos reposar 1 minuto y espolvoreamos encima bastante azúcar, que sigan absorbiendo dulzor, ya que ésto es lo que al final les dará esa textura de fruta confitada, ni muy dura ni muy blanda, y por supuesto el sabor único a cítrico azucarado.

Mientras dejamos templar la naranja, dejamos reduciendo el caldo de la cazuela (básicamente se irá transformando en una especie de jalea de naranja no muy espesa), el cual reservamos para terminar de confitar las naranjas.

A continuación y como paso final, colocamos de nuevo las naranjas a la cazuela con el caldo reducido a fuego lento, dejamos de 15-30 minutos reposando a fuego mínimo, y luego sacamos las láminas (ésto lo haremos cuando tengan un color naranja intenso o cristalino, que es la textura que buscamos). Por último volver a colocar en una bandeja, dejar que se enfríen a temperatura ambiente, y luego conservar en la nevera para que se vayan las humedades restantes. Os aconsejamos consumir al día siguiente porque es el mejor momento para notar su sabor y textura.

Nada más de momento, próximamente os mostraremos una receta en la que usamos éstas naranjas, pero os invitamos a probar las diferentes formas de comerse ésta maravilla, como por ejemplo bañadas en chocolate fondant. ❤

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